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¿Sobre qué superficies es mejor entrenar?

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Una superficie puede convertirse en mejor o peor para nuestro cuerpo en función de su dureza y la capacidad de absorción del impacto. Los terrenos ideales son los caminos de tierra ya que combinan dureza que proporciona estabilidad y la absorción del impacto en cada pisada. Es de gran ayuda correr en entornos naturales ya que ayudaran a que te concentres y dejes de lado las presiones de la semana.

Una de las mejores opciones es correr en lugares al aire libre como plazas o parques pero siempre es bueno tener en cuenta que no existan muchos desniveles o un exceso de piedras debido a la irregularidad del apoyo del pie. Se recomienda correr sobre pasto porque este ofrece un menor impacto a los ligamentos y músculos, aunque no existen demasiados espacios de este tipo en los que acumular kilómetros en las actuales ciudades.

Superficies como el asfalto o la arena de playa son las más desaconsejables para correr en tus entrenamientos diarios, ya que incrementan en gran medida el riesgo de sufrir una lesión. Por orden de dureza, las calles son las que ofrecen una menor absorción de los impactos en carrera y, por tanto, someten a un estrés mayor a nuestras articulaciones, musculatura y tendones. También correr en asfalto puede provocar sobrecargas musculares y tendinopatías si abusamos.

El terreno menos aconsejable para disfrutar del running es la arena de la playa. ¿Sorprende? La respuesta es sencilla: se trata de una superficie sin base rígida, que obliga a trabajar en exceso a tus músculos para proporcionar la estabilidad necesaria para correr. Incluso cuando está mojada, que presenta una apariencia más sólida, sigue siendo muy deformable y poco estable.