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Nos sentíamos corredores en los Juegos Olímpicos

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12K Carrera de Boca Junior 16 de noviembre de 2014
Escribe Rodolfo FITO Barragán, Dorsal 1113

La carrera de 12 km que organiza el club Boca Junior este año se realizó el 16 de noviembre, un mes antes que el que se hizo en el 2013. Cuya convocatoria rezaba “viví la experiencia de pisar la bombonera”.

Como había más de 8000 inscriptos, la mayoría con la intención de cumplir el sueño de pisar el césped de la bombonera, tomé la precaución de llegar una hora antes, retirar el chip en el enorme playón del estacionamiento donde además Boca Social armó una carpa donde dejábamos juguetes para que los chicos del barrio lo disfruten en Navidad. Me alejé del bullicio a precalentar.

Habiendo corrido durante el año varias carreras, me encontraba bien entrenado, dentro de las metas que me permiten mis 55 años y ser un runner amateurs sin intentar podios. Esta era una de las últimas a correr.

Me preocupaba una molestia en la rodilla derecha, a causa del exceso involuntario en la prensa del gimnasio con la saludable intención de agregar fuerza a las piernas, fue un error hacerlo unos días antes de la carrera, no tenía tiempo para la recuperación.

Inicié ejercicios previos con trote suave, ya se sentía el calor que, con el pasar de las horas, fue sofocante. Por suerte el dolor fue disminuyendo a medida que intensificaba la práctica y las articulaciones y músculos se fueron calentando.

Faltando 10 minutos, me fui acercando al lugar de la largada, todo era fiesta, flameaba el azul y oro, puro color, pura pasión. Instantes antes de la orden de partida, se desplegó una bandera gigante que nos cubrió a todos los corredores en la manga que se formó tras la línea de partida. Con mucho esfuerzo me fui posicionando a unos 20 o 30 metros de la línea de partida con la idea de zafar del efecto tapón de los más lentos.

A las 9 y previo una cuenta regresiva generalizada y aplausos, largamos. Algo que no se debe hacer: trate de salir con buena velocidad pero por la vereda que se encontraba más despejada. Lo hicimos varios de los corredores para esquivar a quienes no respetan su lugar de largada acorde a los tiempos que realizan.

En los primeros 800 o 900 metros, ya por la Avenida Almirante Brown, aminoré la velocidad y me acomodé al ritmo del grupo en unos 5:20 minutos el km. Luego  de algunas cuadras por el barrio, salimos a Pedro de Mendoza, que corre paralela al Riachuelo. De ida por la explanada del lado izquierdo hasta el puente Pueyrredón y el retorno por la calle. Todo cemento, calor insoportable, ni una sola sombra. Fueron unos 4 km, pudimos apreciar a los atletas de elite el tiempo que nos aventajaban en la vuelta.

Por el km 5 el tan apreciado puesto de hidratación con agua, esta vez, instalaron tres en total en todo el recorrido y dos luego de la llegada. Me sentía cómodo con los tiempos, mantenía el ritmo, solo un pequeño dolor lumbar (en la zona baja de la espalda), huella de lo poco ejercitado que están esos músculos; tarea para la próxima carrera. De haber tenido un  entrenador  o integrar algún running team, me hubiera evitado estas molestias.

Por el km 9, encontramos el segundo puesto de hidratación que en este caso era de Gatorade pero en vasos. A muchos les resultaba incomodo beber corriendo y debían detenerse. Hay que ir aprendiendo las mañas para evitar perder valiosos segundos en esto.

El recorrido sale de la orilla del Riachuelo e ingresa a las callecitas del barrio de la Boca. Algunos ciclistas y motociclistas no respetaban la restricción al tránsito, a esto le agregamos que había perros que ladraban a nuestro paso y mucha gente desde sus veredas dándonos aliento.

Hasta que llegamos al tramo más esperado, kilometro 10: entrar a la bombonera para pisar el mítico césped (que en realidad era sintético), todo el carril pegado a los palcos vidriados tenía una alfombra de césped sintético y el campo de juego protegido por una serie de barandas para que no lo invadan. Algunos besaban el suelo, otros dejaron correr las lagrimas, hay quienes se arrodillaban y las infaltables “selfies”. En la puerta de salida, apostados detrás de barandas, cientos de familiares que habían ido a acompañar y trataban de congelar el momento, nos sentíamos corredores en los juegos olímpicos, por los gritos de aliento y ovaciones. No me detuve en ningún momento dentro de la cancha, seguí corriendo al mismo ritmo que lo venía haciendo, imaginaba una buena carrera, todavía tenía piernas que resistían y suficiente aire.

Faltando un poco menos que dos kilómetros, ya todo era fiesta. Concentrado en mi cronometro, a un ritmo casi igual a toda la carrera. Esquivando a curiosos y a muchos de los que participaron en los 3 km llegue a la tan deseada meta. Emocionado como siempre de haber concretado otro objetivo en un tiempo de 1:04:22 (6 minutos menos que en 2013). El primero llegó en 42:24. Con la medalla de recuerdo y la botellita de agua encaré el retorno a casa, mientras que para muchos seguía la fiesta con la Bombonera de testigo.

Rodolfo FITO Barragán