Imprimir

Un reencuentro con el running y la Maratón de River

.

10K Maratón River 8 de diciembre de 2014
Escribe Ricardo Kern (RiK), Dorsal 2640

Hace un tiempo, cuando era “pibe” y practicaba deportes con mayor frecuencia salía a trotar, había empezado dando vueltas al kartódromo de mi querido Automóvil Club San Nicolás, el Automó como le decimos los socios antiguos; en esa época no había gps´s en los celulares, solo era el camino, mi reloj y yo. El paseo costanero, de tierra, era una ruta que me hacía sentir cómodo para mis tardes de trote.

Hubo un break, un período largo donde me “dejé secuestrar por el sedentarismo”; quizás por las responsabilidades, la familia, las rutinas laborales, etc. Por casualidad empecé a ver un amigo que sonreía más cada día, estaba feliz, le pregunté el motivo y solo se limitó a decir una palabra: Corro!

Me animé a empezar, a reencontrarme con el running! Ufff! Que dolores los primeros días! Esos cuatro kilómetros que trataba de hacer dos veces por semana eran T E R R I B L E S. Pero seguí, descubrí un nuevo mundo y empecé a llamarlo por su nombre “RUNNING”.

Una amiga que trabaja en una empresa de cosméticos me invitó a una maratón de 8 kilómetros, así fue que me calcé una remera rosa con mi primer chip y corrí por las chicas contra el cáncer de mama, ahora es un evento del que participo todos los años. Ese fue el puntapié inicial del segundo tiempo.

Nunca había prestado atención que muchos conocidos disfrutaban del running, pero lo importante: no estaba solo y recordé la frase de Lennon en Imagine, ¡podrán decir que soy un soñador pero no soy el único!

Al tiempo empecé a aumentar la cantidad de kilómetros, la frecuencia semanal, la forma de entrenamiento y como sucede a veces cuando “mirás” con más detenimiento descubrí otras cosas; las caras de otros runners, los teams en los parques con sus banderas y estandartes, los cambios de paisajes y aromas con las estaciones del año, el colorido de los árboles, los desniveles y más soñadores. Ahora le presto atención a otros temas un poco más personales, quizás porque tengo algunos años más y tengo que cuidarme un poco; el calzado, los alimentos que ingiero antes de correr, el clima, la temperatura y humedad, todo venía dentro del “mismo paquete”.

Así como soy fan del Automóvil, también soy hincha del Club Atlético River Plate... para muchos es una pasión, en mi caso como no soy fanático del fútbol digo que soy “simpatizante”, más cuando casi toda mi familia es boquense, solo mi hija menor me acompaña como simpatizante de la banda roja. Dando vueltas por las páginas de los amantes del running encontré que se venían los 10K de River.

Allí fui. Tuve la oportunidad de encontrarme con el Estadio Antonio Liberti, esa cancha que veía desde la Av. Lugones, esa a la que nunca entré; en ese momento me di cuenta el porqué del nombre M O N U M E N T A L, fue la primera vez que estaba tan cerca, fue un momento grato, muy grato y que no me lo esperaba. Di una vuelta por el museo de River, retiré mi kit y caminando por la vereda del Monumental me fui hacia mi casa con la rara sensación que había algo que me faltaba, pero no logré encontrar que era.

Al fin llegó el día, había repasado hasta el cansancio la carrera mirando las calles con el Street View; la noche anterior preparé las zapatillas con el chip, le prendí el dorsal a la remera de la maratón y dejé el celu cargando. Por la mañana mientras chequeaba la música que escucharía con el infaltable violín de Lindsey Stirling encontré un grave problema: había desayunado el tradicional lácteo, queso untable y dulce de durazno con pan integral pero no me di cuenta que había poco tiempo para transformarlo en energía para la carrera, me había levantado ¡media hora después de lo planeado! Eso aunado con el calor y humedad no auguraban una buena carrera, además todavía tenía la sensación que me seguía faltando algo y cada vez era más grande.

Me subí al coche y manejé hasta la zona del Estadio. Caminando hacia la largada encontré a muchos fans con su remera, calentando con trotes y piques frente a la Torcuato Di Tella. Como siempre miro a mi alrededor para descubrir cosas, esta vez ví muchas sonrisas, algunas mamás con los carritos de bebés, otros con sombreritos del Millonario, pañuelos o pelucas, casi sin querer noté alguna lágrima que quería asomarse en mis ojos… Nunca había estado tan cerca de ese Club, nunca me había sentido tan parte de esa gente que usa la banda roja cerca de su corazón.

Me gustó, empecé a precalentar, me crucé con sillas de ruedas, runners experimentados, chicos muy jóvenes y luego enfilé al sector de largada. Los de “la carrera larga” entramos en el sector cerrado. Mariano Iudica cantaba y también hacía entrar en calor los corazones desde el escenario, se escuchaban algunas referencias hacia el eterno rival de la zona del Riachuelo. Traté de poner en marcha el GPS, apagué y prendí el celu en esos últimos 15 minutos, no hubo caso, esta vez solo me acompañaría la música. Esperaba que los bpm fuesen los correctos y que los soportara hasta el final.

Se vino la largada, extrañamente no hubo empujones, y si los hubo se cruzaba una disculpa; primer kilómetro y la adrenalina me hizo levantar las pulsaciones pero no el ritmo, al menos sentía eso... y el gps sin funcionar!
Entre el tercer y cuarto kilómetro me pareció subir el ritmo, pasados el cartel de los 4K había un puesto de hidratación tomé un sorbito de agua y seguí. Casi llegando a la vuelta de 180° sobre Figueroa Alcorta se terminó la compañía de la sombra de los árboles y el sol se hizo sentir, el resplandor me hizo entrecerrar los ojos y se acentuaron las gotas de transpiración de la frente. Empezamos los últimos cuatro kilómetros y nuevamente sentimos el alivio de la sombra, encuentro algunos que aflojan el paso más que yo y otros que despacio se acercan a mi posición, una persona con una manguera y regador alivia la temperatura.

Algo que aprendí en estas competencias: siempre tenés que darle aliento a ese amigo que se queda, es común escuchar un “vamos Pelado” o un “dale Colo que podés”; esta vez me salió de adentro “dale campeón que estamos cerca de casa y vamos a dar la vuelta”, no se porqué pero seguí. La Universidad Di Tella me invitaba a aflojar el ritmo y empezar un trote más descansado, pero ver el arco de llegada y pensar que daba la vuelta a la cancha me dio fuerzas.

En ese momento me di cuenta ¡Eso era lo que me faltaba! No solo tuve la oportunidad de ver el Estadio por fuera ¡Iba a dar la vuelta por dentro del Monumental! Eso era exactamente lo que me faltaba, tenía la oportunidad de ver la Cancha de River por dentro y recorrer cada metro de la pista de atletismo y ahí me encaminé.

Nunca se me hizo tan corto y a la vez tan largo dar la Vuelta Olímpica, quizás era porque lo hacía con lágrimas en los ojos, porque estaba cansado, o por la transpiración que me irritaba la vista, no lo sé. Miré el pasto, era más verde de lo que pensaba, el tamaño del estadio me pareció descomunal, me olvidé del solazo que se clavaba en mi cabeza pelada, muchos de la carrera corta estaban sacándose selfies. Salí del predio y miré el arco de llegada, el reloj me anunciaba 45 minutos pasaditos, llegué paré … y lloré! Ya habían pasado 45’ 47” desde que pasé el arco de largada, solo 14’ 47” más que el primero.

Había dejado atrás el interior de esa cancha que ví muchas veces por la tele. Alguien me alcanzó una botellita de agua, otro me alcanzó una fruta y tomé de una mano amiga una bebida energizante. Me senté a escuchar la música e hidratarme. Si claro! También a secarme las lágrimas mezcladas con las gotas de transpiración. Aproveché a cumplir con las elongaciones y a repasar la carrera durante el período de post combustión.

Ahora reparo en esos instantes, hice un balance, un recuento de momentos y cosas que pasaron en estos dos últimos años; hasta puedo hablar de un punto de inflexión. Si pienso en satisfacciones, son muchas, voy superándome a medida que transcurren los meses, superé objetivos de límites de tiempo y distancia; pero primordialmente dejé de lado el aletargamiento que produce la rutina, me reencontré con una pasión dormida, tengo un nuevo tema de charla, bajé de peso, me siento mejor físicamente, no tengo adicciones, duermo mejor, hice nuevos amigos y conocidos, tengo nuevas oportunidades y entre estas últimas la de “escribir unas palabras por una pasión que no es solo de un soñador, sino que somos muchos”, animate no vas a ser el único... te veo en un rato por el Centenario, el Parque Chacabuco, Agronomía o por Saavedra, vos elegís!!!

RiK, Dorsal 2640